La luz de la penumbra refractada por la densidad de una lagrima
Bastaría para zozobrar el murmullo de tu quebranto
Cuando las fulgidas luces se derraman cuan estrepita fuente
Sobre tu dulce y pálido rostro
Volverás a complacerte
Volverás a penetrar los oscuros abismos
De mi impotente tiritar
Muéstrame que escondes
En tus brechas cerebrales
Transmíteme el voltaje
De tu pseudófilo andar
Ni las estrellas derramadas, abortadas sobre tu cuerpo
Son suficientes para fulgurar tu piel disfrazada
De suave canto
De dulce flora
Ven y cierra mis ojos
Ven y enciérrame ahora
Antes que sea tarde
Ven y traspasa mi carne
A lo mejor logres traspasar mi espíritu
A lo mejor lo logres sujetar
Mi nariz, mi suspiro
Mi aire, mi hilo de plata
Anda, apúrate
Se va
Se aleja
Búscalo
Sigue su brillo
Brilla por si solo
El hilo de plata
Ten cuidado, no trates de cogerlo
Podría cercenarte
Déjalo ir
Déjalo fluir
Solo acompáñalo
Acompáñalo hasta que se canse
Y despierte
Entonces veras en los primeros instantes
El vacio en sus ojos,
Más no te consternes
Es solo mientras regresa
Mientras reposa sobre su cuerpo nuevamente
¿O acaso lo prefieres así?